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Esta importante isla, considerada en la historia nacional como cuna de la Mexicanidad, forma parte de uno de los tantos tesoros con los que cuenta la Riviera Nayarit. Un sitio armónico, libre de la emanación de gases de los automóviles por carecer de ellos, en armonía con la naturaleza y con gente cálida que recibe a los turistas con los brazos abiertos.

Un pueblo mágico que se une al esplendor de la Riviera en Nayarit, a tan sólo 169 kilómetros de Nuevo Vallarta en su desviación por Las Varas sobre la carretera 200 hasta llegar a Santiago Ixcuintla.

Para llegar a la isla desde Santiago se debe tomar un vehículo terrestre hasta un embarcadero llamado La Batanga, ahí los pescadores se encargan de transportar a los visitantes hasta la isla. Durante el recorrido llama la atención la abundancia de garzas, gaviotas y águilas, así como el respeto que les brindan los isleños, quienes viven de la pesca del camarón, principalmente. La rica variedad de fauna en la laguna se debe en parte a que ahí se combinan el agua salada del mar y el agua dulce del río, y también a que no se han construido grandes obras ni carreteras a menos de 10 km de la isla

La vida transcurre entre la laguna, cinco callejones y la plaza. En época de lluvias la pequeña isla de apenas 400 m de largo y 350 m de ancho “se hunde”, como dicen los lugareños, debido al mayor caudal del río San Pedro. Las calles se convierten en canales y por ellas pueden navegar las canoas. Por eso las banquetas son altas, para evitar que el agua se meta a las casas. Alrededor de la plaza pública, localizada en el centro de la isla, se encuentra una bella iglesia y unos portales, de la delegación municipal, que sirven de acceso al pequeño museo “El Origen”, en cuyo interior hay una sala de arqueología local y otra donde se exhiben objetos de diferentes culturas mesoamericanas, en especial de la mexica.

Y qué decir de la comida; gozar de un rico pescado zarandeado o de camarones gigantes a la orilla de la laguna,  bajo el cielo azul. El robalo zarandeado, albóndigas de camarón barbón, ostiones en su concha, tamales de camarón, lisa a la parrilla son sólo algunos de los platillos originarios de la recetas milenarias de los lugareños. Además en algunos establecimientos se ofrecen todavía guisos con recetas prehispánicas, como el taxtihilli, platillo a base de camarón en caldo con masa de maíz y especias. El consumo no excederá los $300 pesos con todo y una refrescante cerveza.

Esta isla fue decretada Zona de Monumentos Históricos en 1986, debido al peculiar trazo de sus callejones, a lo típico de sus edificios y al  arraigo de sus pobladores.La fiesta del pueblo, una de las mayores atracciones de la isla, es el 29 de junio, cuando se festeja a San Pedro y San Pablo y se les reza para que la pesca del camarón sea abundante.

Las opciones de alojamiento en la isla son muy escasas, el hotel Ruta Azteca ofrece recámaras con ventilador y agua fría sólo para aventureros. La cuota por noche no excederá los $400 pesos, pero los mosquitos podrían causarle un poco de molestia. Es recomendable asistir al lugar con ropa cómoda y fresca.

La  visita a este rincón de la Riviera es altamente recomendable por los milenarios tesoros ocultos en las historias y leyendas de su gente.