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BUCERÍAS… UN RINCÓN PARA BESARSE… 

El pasaje es estrecho, tanto que pasar por ahí en pareja, tomados de las manos, es un reto, uno que vale la pena, porque dan ganas en verdad de pararse a la mitad del pasillo, abrazarse y luego ser protagonista, justo ahí, de un beso como los que se dan en las películas; uno en el que él se recline sobre ella, mientras ella se sostiene parada sólo en un pie, pues la otra pierna se arquea en el aire.

El Paseo del Beso es desde hace unos años una visita obligada en Bucerías, uno de los pueblos más tradicionales de la Riviera Nayarit. Se trata de un pequeño rincón justo en el borde de la zona centro, apenas a una cuadra del mercado de artesanías. Aunque a los costados de este pasillo hay también algunos puestos, el bullicio de mercado se convierte casi de inmediato en el ambiente propicio para el romanticismo instantáneo.

Este es motivo más para visitar la Riviera Nayarit, pues además de sus hermosas playas, su gastronomía de alto nivel, sus espectaculares paisajes, ofrece sitios donde la cultura florece de forma natural, como este espacio que además es pasaje obligado en las caminatas que se realizan recorriendo las galerías de arte en Bucerías siempre en la temporada invernal.

Desde hace unos 20 años, este callejón que lleva a los viandantes desde el centro hasta la zona residencial, pues conecta con en el único puente peatonal sobre el arroyo El Indio, una desembocadura natural que parte en dos a Bucerías dividiendo la zona turística de la comercial, fue descubierto por Guy Montaigne, presidente de la Asociación de Pintores y Escultores de Quebec, hace cerca de 20 años. Desde entonces ha regresado constantemente.

Cuando supo que el lugar era conocido popularmente por los lugareños como el Paseo del Beso, se emocionó y una idea le vino a la cabeza: ir decorando poco a poco el pasaje con arte, siempre que éste estuviera relacionado con el beso.
La historia de cómo alcanzó este ecléctico lugar el nombre no es precisamente de lo más romántico.

“En la zona no había luz y este callejoncito quedaba oscurito. Entonces las parejas venían aquí para encontrar un poco de intimidad; por eso se le quedó el Paseo del Beso. Detrás no hay leyendas ni anécdotas románticas como en el Callejón de Guanajuato, pero la gente ya lo identifica y viene a conocerlo. Se ha vuelto poco a poco un lugar para el turismo”, explica Arturo Ramírez Ortiz, propietario de una de las fincas que lo forman.

Curiosamente, Ramírez Ortiz se dedica a esculpir madera en tallas de una sola pieza. Así que Montaigne y él se identificaron de inmediato y pusieron manos a la obra. En poco tiempo las paredes de las dos propiedades que forman el Paseo lucían obra del artista de Quebec. 

Pero el acervo ha ido creciendo año con año, porque integrantes de la Asociación de Pintores y Escultores de Quebec acuden, invitados por el propio Montaigne, para dejar un recuerdo artístico en los muros del pasillo. Tan exitoso ha sido este programa, que los artistas canadienses ya prácticamente han tapizado también el puente que conecta las dos vocaciones de Bucerías. 

Cuando uno se aleja, entonces, para internarse primero entre los artesanos y despúes hacia las galerías del centro de ese poblado, no puede evitar mirar atrás. ¿Quién sabe? Uno podría ser testigo de una imagen que semeje a Humprey Bogart abrazando en un cálido beso de despedida a Ingrid Bergman, como lo hizo en la película de Casa Blanca.