Sala de Prensa Riviera Nayarit

EN LA RIVIERA NAYARIT “TIENES” QUE VER LA PEQUEÑA ISLA DE MEXCALTITAN

Riviera Nayarit, México.- ¿Es el pequeño poblado isleño de Mexcaltitán, en los manglares y humedales de la Riviera Nayarit, el lugar de nacimiento de México, la legendaria y antigua Aztlán? Extrañas conexiones con el mítico imperio Azteca mantiene a los académicos pensando, pero para la mayoría de los visitantes con suficiente suerte para realizar el viaje de 25 minutos en bote para encontrarla, la personalidad única de Mexcaltitán, su cálida bienvenida y sus simples y soleados placeres son suficientes para hacer de este corto viaje a este “Pueblo Mágico” algo que supera las expectativas.

Después de todo, ¿qué tan seguido se encuentra uno con estrechas calles que también hacen de canales – no hay autos sobre la isla – y las banquetas se ven cubiertas de rosados camarones y crujientes tostadas, que más tarde se les encuentra  como delicioso ceviche para la comida.

Parece difícil imaginar que un lugar tan pequeño, amigable y sin presunción como Mexcaltitán pudiera ser el percusor de la imponente Ciudad de México; pero la historia precolombina continua llena de misterios.  Lo que se sabe es, de acuerdo con la leyenda, que Aztlán, el lugar de nacimiento de lo que se convirtiera en la civilización Azteca, la cual se auto nombraba “Mexica”, era una pequeña isla ciudad hecha por el hombre al norte de lo que es ahora la Ciudad de México.  En el Siglo XI, los augurios y las profecías según se informa, convencieron a los Mexicas a viajar al sur en donde, siglos después, construyeron Tenochtitlán, o la Ciudad de México, sobre una isla en un lago.  Se convertiría en una de las ciudades más grandes y poderosas del mundo antes de la llegada de los Españoles en el siglo XVI.

Vistas aéreas de Mexcaltitan muestran una aldea de forma oval, sobre una isla hecha por el hombre, rodeada de manglares y pululante con aves exóticas, los ocasionales caimanes, tortugas, peces, y lo más importante, camarón, langosta, ostiones, almejas.  Desde una plaza central que contiene una pintoresca iglesia y un muy pequeño museo, las calles del poblado radian hacia afuera como los rayos de una rueda.  En algunas temporadas se inundan y se convierten en canales, haciéndose necesario trasladarse en bote o vadeando.  Un camino en forma de anillo exterior circunda al poblado como si lo mantuviera en su lugar.  No obstante se reporta que su historia más temprana data desde hace unos 4,000 años, se rumora que el poblado fue fundado previo del siglo XI, antes de que los Aztecas iniciaran su migración.  Una visión comparativa con la Ciudad de México, en donde, en un tiempo las calles también se tornaban en canales cuando se necesitaba, muestra similitudes increíbles en su diseño.

Tal vez la falta de certeza sobre sus orígenes le da un encanto especial a Mexcaltitán como uno de los Pueblos Mágicos de México, una colección de más de 30 poblados y villas que, en palabras del Secretario de Turismo, son lugares con “simbolismo, leyendas, historia, eventos importantes, y vida cotidiana – en otras palabras, “mágicos”.  La magia para muchos visitantes a Mexcaltitán, uno de los más pequeños y remotos de los designados Pueblos, podría ser el gran placer que encuentran en hacer, pues, casi nada en este encantador y excepcionalmente tranquilo lugar, excepto caminar, relajarse y sumergirse en una cultura y estilo de vida que no se encuentra en ninguna otra parte de México.

A Mexcaltitán se puede llegar desde el muelle de la Batanga, al norte del poblado de Santiago Ixcuintla, a 37 millas de Tepic sobre tierra firme de Riviera Nayarit.  La visita comienza con un refrescante paseo en bote a través de los esteros, isletas, ensenadas y manglares desde tierra firme – ya sea 25 minutos con bote a motor abierto o más tiempo con canoas cuyos diseños no han cambiado a lo largo de los siglos.  El tiempo aquí no tiene prisa de modo que los viajeros debieran de guardar sus relojes y dejar los programas urgentes de lado.  Sin medio alguno de transportación pública o privada en Mexcaltitán, el único modo de moverse es a pie y aquí es en donde los visitantes se llevan su primer sorpresa, porque las banquetas están reservadas para los camarones.

Una manera fácil de disfrutar de Mexcaltitán es con el tour ofrecido por Vallarta Adventures “Mexcaltitán + San Blas todo el día”.  Este tour, el cual incluye una visita a la isla Así como también la oportunidad de explorar la vida salvaje en las aguas que la rodean, abarca casi 90 millas a San Blas, en Nayarit por tierra, con un vuelo de retorno de 45 minutos.  Para más información sobre el tour, visite www.vallarta-adventures.com/cultural-encounters/mexcaltitan.html.

La cosecha del camarón, y en menor medida la cosecha de otras delicadezas del mar, son la ocupación primaria de Mexcaltitán; y los camarones secos se convierten en una deliciosa y gran variedad de platillos que hacen agua la boca, algunos de ellos que datan de tiempos prehispánicos.  Con clima soleado y templado todo el año (la temperatura promedio anual es de 79 grados), casas agazapadas unas sobre otras y espacios abiertos muy limitados en el pueblo, qué mejor lugar para preparar los camarones que las altas banquetas, algunas casi tan altas como una mesa para dar espacio a las inundaciones otoñales que ha dado a Mexcaltitán el mote de la “Venecia de México”.  De modo que residentes y visitantes son relegados a las calles.

Adicionalmente a la visita al Museo del Origen en la plaza central para observar una variedad de exhibiciones sobre la historia y cultura de meso-América, cuidados por su dedicado propietario, los visitantes encontrarán que el caminar a través del pueblo y platicar con sus residentes es un pasatiempo poco común altamente entretenido.  Con menos de una milla cuadrada de tamaño, esto puede lograrse de la forma más tranquila en dos horas.  Pero, siempre hay tiempo para un refrigerio y un puñado de restaurantes al aire libre son muy atractivos.  Entre los platillos favoritos se encuentran el taxtihuil, una antigua receta de camarón, caldo de camarón, maíz y especias indígenas, una rica sopa con albóndigas de camarón, tamales de camarón, pescados locales salteados en mantequilla de ajo, y docenas de otras especialidades en mariscos.

Hay un hotel sin nombre, pero confortable y agradable, en Mexcaltitán y varias tiendas sin nombre.  Las puertas a la mayoría de las casas que cubren sus estrechas calles se encuentran normalmente abiertas, proporcionando vistazos de patios internos floridos y vida familiar.  En el verano, los santos patronos del pueblo y de la pesca, San Pedro y San Pablo, se celebran con competencias de lanchas, festines y gran alegría, y los residentes están siempre dispuestos y ansiosos por asistir a los viajeros para encontrar lo que necesitan o desean.  Pero, a lo largo y ancho, las trampas del turismo – los eventos especiales y los nombres de marca – están ausentes de este poblado único.  En su lugar, los visitantes, aunque sea por un corto tiempo, se encuentran tan inmersos en un mundo diferente que tal vez nunca quieran irse.

Se dice que Mexcaltitán, además de ser la cuna de México, fue una vez un antiguo centro de adoración de la luna.  En ausencia de estudios o excavaciones arqueológicas serias, la verdad de estas leyendas y el auténtico lugar del poblado en la historia de México, está destinado a permanecer un intrigante misterio.  Pero, para sus residentes y los afortunados visitantes que lo descubren, eso está más que bien.  La vida misma es un misterio que se va desplegando, como los camarones que se secan sobre las banquetas sin ser comidos por los gatos, y probablemente otra es contemplar el sol  sobre una isla, lejos de la realidad.