La hora de la Riviera Nayarit Mexico
Entre el mar y la sierra, una cama vestida con velos y ubicada en el punto más alto de Villa Bella corona la felicidad de una pareja. En el otro extremo, los olores de la cocina del Garza Canela atraen a auténticos nobles británicos. En medio, los techos del Cielo Rojo cobijan a destacados diseñadores neoyorquinos, mientras en Villa Corona del Mar se escuchan leyendas, olas y el eco de una tambora norteña que anuncia, precisamente, la diversidad que ofrece la Riviera Nayarit.
Alprincipio es difícil entender que, a pesar de los cinco minutos que toma atravesar el río Ameca, entre Puerto Vallarta y Nuevo Vallarta, exista una hora de diferencia. Sin embargo, después de cruzar el puente, el tiempo es otro, se desvanece y es en el cuerpo donde se van sintiendo los efectos de que a uno, finalmente, le sobren y no le falten las horas. Pero aquí, no sólo cambia el tiempo, también el espacio se recoge, se hace entrañable y uno descubre que la autoría no es sólo cosa de la cocina y el arte, sino de los lugares donde uno puede hospedarse. Y es que, desde un sencillo pero acogedor bed and breakfast hasta un hotel boutique minimalista, debajo de los tradicionales techos nayaritas se esconden auténticos “hoteles de autor”.
Como en familia En unas antiguas caballerizas, los dueños de Villa Bella planean la estancia de sus huéspedes como si se tratara de recibir a sus familiares más queridos: recogerlos en el aeropuerto, hacerles su desayuno favorito, sugerirles paseos, prepararles un caldito de pollo si se enferman y, cuando se marchan, escribirles cartas para que sepan cómo se vio, desde el horizonte de la alberca, el camino de flores que los pescadores de la Cruz de Huanacaxtle dejaron en el mar durante su peregrinación al templo de la Virgen de la Paz. La ausencia de televisores y teléfonos en los ocho cuartos de Casa de Mita, más que incomodar a los huéspedes, parece reconfortarlos. Completamente relajados después de recibir un masaje, se sumergen, al estilo de las Mil y una noches, en los relatos de sus novelas. De vez en cuando, levantan la mirada para contemplar las diminutas colinas de blanca arena, pero cuando se cansan de esta soledad caminan unos cuantos pasos para cenar en el Four Seasons, como auténticos marajás, un lomo de atún al Chat Masala.
En realidad, en esta tierra donde florecen artistas, incluido un campesino-pintor del sur de Michoacán y un surfista-escultor de California, no es sorpresivo que surjan toda clase de oasis. Así, en Sayulita, suena la flauta en la noche del Hafa, “suerte” en árabe, pequeño hotel boutique de magia marroquí, en el que los dueños han plasmado su gusto por lo simple y delicado, mientras un perrito chihuahueño los sigue por todos lados. Alas de ángel, conchas de mar y estrellas de hoja de plata construyen, en medio del pueblo, un universo de luz propia. En San Pancho, en cambio, es el simple reflejo del sol en la arena lo que nos transporta a otro mundo, silencioso y rústico, pero no por ello menos sofisticado. Aquí, en calles con nombres como Saigón, Camboya, Kenia y Ceilán, las casas de los pescadores se mezclan con panaderías italianas, grupos ecologistas en defensa de las tortugas, centros de yoga, galerías de arte y un Cielo Rojo que recibe a sus huéspedes bajo el lema “encanto y cultura”. Bailarinas, boxeadores y demás personajes de su colección de fotografías en blanco y negro animan la degustación de un tequila artesanal, mientras el dueño –quien se dedicaba a la creación de carteles para películas hollywoodenses– habla de su pasión por las antigüedades y explica de dónde salieron los objetos que hacen de este hotel boutique una galería de arte. El de las leyendas más cinematográficas es Villa Corona del Mar, antigua finca familiar donde hasta hace algunos años los invitados llegaban a caballo. El lugar funciona actualmente como un bed and breakfast en que la master suite tiene elevador privado ymuchas historias que contar. Con un Honors Bar abierto a que los huéspedes se sirvan lo que les plazca (simplemente anotando en una libreta el costo de lo que tomaron), el dueño, antiguo gerente del Marriott Seattle, explica la importancia de la confianza para crear un ambiente lujoso pero relajado. Por supuesto que ubicarse cerca del “ovni”, una torre de agua así bautizada por los locales, ayuda a crear lo extraordinario. Porque, aunque insertada en Rincón de Guayabitos, donde las banderillas de camarón y pescado se mezclan con las noches de quebradita, Villa Corona del Mar tiene frente a sus ventanales una playa solitaria. Aquí, uno puede oscilar entre el rumor de las olas que llega hasta la habitación “Los delfines”y la rocola de un beer garden, creado por una mujer de Munich que dejó su trabajo en Las Vegas para venirse a vivir a estas tierras.
De lo primario a lo extraordinario Pero en la Riviera Nayarit no sólo se descubre la intimidad de esta amplia gama de refugios, sino también un conjunto de platillos que inevitablemente hacen exclamar: “¡Dioses del Olimpo!” No sólo por los espaguetis hechos a mano, los camarones gigantes y los helados de curry que chefs de todo el mundo, invitados al festival gourmet de Puerto Vallarta y la Riviera Nayarit, preparan durante dos semanas de noviembre en Frascati, Aramara y otros restaurantes de lujo, sino también por los tesoros culinarios de la zona que comienzan a exportarse al hotel Nikko de Kuala Lumpur, en Malasia.
Pechuga de pollo rellena de dátil, ciruela pasa y naranja con chile ancho o filete de pescado al horno con perejil, ajo y polvo de jamón serrano son algunos de los platillos que BettyVázquez prepara para “apapachary dar satisfacción espiritual” a quienes visitan San Blas. Interesada originalmente en ser piloto de aviones, Betty cuenta, rodeada de libros de cocina que ha recolectado en sus viajes por el mundo o que le han traído los asiduos huéspedes del Garza Canela, su reciente experiencia de “aprendiz de alquimista” en San Sebastián, España, preparando polvos de escama de pescado junto al célebre chef Arzak. Ávida de mundo, pero también arraigada a su tierra natal, esta mujer, que pronto viajará a Malasia como chef invitada, es el ejemplo más contundente de lo que murmura su padre: “San Blas, tan conectado con el mundo y tan supuestamente olvidado”. Y así, mientras uno saborea los camarones a las finas hierbas y chile chipotle con plátano macho y canela, comprueba que la Riviera Nayarit tiene el mismo efecto que los polvos de la cocina del Garza Canela: intensificar sutilmente el sabor de la vida.
